rotación

La Tierra se mueve; de hecho siempre lo ha hecho y todavía hoy lo sigue haciendo. Nuestro frenético ritmo de vida nos impide apreciar su incesante rotación y traslación y sólo somos conscientes de su movimiento cuando el día termina y el brillo propio del sol deja paso al de la luna. O cuando un calendario, un papel impreso, nos informa de que estamos en otra estación. O cuando un periodista nos avisa de que debemos cambiar la hora de nuestro reloj, una máquina a pilas que nos divide los días en dos tandas de 12 horas.

Curiosamente, la mejor forma de apreciar el movimiento de nuestro propio planeta es la quietud. Permanecer inmóvil y con la mirada en el cielo nos permite observar ritmos a intervalos de tiempo muy diferentes al ritmo biológico humano. La Tierra se mueve y, como una pintura en un museo, una mirada atenta, madura y concienzuda es capaz de provocar una sensación de orgullo por pertenecer a un planeta capaz de deleitarnos con algo tan primitivo como el movimiento que lleva dándose desde su gestación.

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2 pensamientos en “rotación

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